El Senado de Brasil aprobó una reforma constitucional que reducirá la jornada laboral semanal de 44 a 40 horas, en una decisión que representa uno de los principales avances legislativos del gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva a pocos días de la segunda vuelta presidencial, prevista para el 25 de octubre.
La iniciativa obtuvo 75 votos favorables y uno en contra, tras permanecer durante meses sin avanzar en el Congreso. El proyecto contempla pasar de seis a cinco días de trabajo por semana, con al menos dos días de descanso y sin disminución de los salarios.
La aplicación será progresiva. Según lo previsto, la jornada laboral se reducirá inicialmente a 42 horas dentro de los primeros 60 días y llegará a las 40 horas al cumplirse un año.
Una reforma con impacto electoral
La aprobación se produjo en un momento decisivo de la campaña presidencial. Lula busca revertir la ventaja obtenida en la primera vuelta por Flávio Bolsonaro, quien se impuso con el 47% de los votos, frente al 45% alcanzado por el actual mandatario, según los resultados citados en la información electoral.
Aunque sectores de la oposición se habían resistido inicialmente a la propuesta, parte de sus representantes terminó respaldándola ante el amplio apoyo popular que genera la reducción de la jornada laboral. Las encuestas mencionadas en los reportes sitúan el respaldo ciudadano a la medida por encima del 70%.
Lula celebró la aprobación a través de sus redes sociales y defendió la reforma como una conquista de los trabajadores. El presidente también aseguró que la medida no será revocada.
Desde el oficialismo, sin embargo, surgieron advertencias sobre la posibilidad de que la reforma sufra retrocesos en el futuro. La portavoz del Gobierno en el Senado, Teresa Leitão, pidió mantenerse alerta para evitar que la norma sea revertida.
Trabajadores y empresas, ante los cambios
De acuerdo con los sindicatos brasileños, alrededor de 22 millones de trabajadores podrían beneficiarse de la reducción de la jornada, una demanda histórica de distintos sectores laborales del país.
La propuesta también genera preocupación entre representantes empresariales. La Federación de Comercio de São Paulo advirtió que la medida podría elevar en un 22% el costo de la hora trabajada y provocar la pérdida de hasta 1,2 millones de empleos.
El senador Esperidião Amin, integrante de la base de apoyo de Bolsonaro, planteó la necesidad de coordinar acciones con el sector empresarial para amortiguar los posibles efectos presupuestarios de la reforma.
Otros legisladores opositores cuestionaron la rapidez con la que se concretó la votación y denunciaron un posible uso electoral de los recursos estatales.
Con la aprobación del Senado, Lula suma un avance en una de las principales propuestas sociales de su campaña. El efecto de la reforma sobre la disputa presidencial se conocerá en las urnas el próximo 25 de octubre.







