Adam Sandler cumple 60 años este 9 de septiembre y llega a esta nueva década convertido en uno de los rostros más reconocibles de Hollywood. Durante buena parte de su carrera fue asociado con comedias absurdas, personajes inmaduros y películas que la crítica se encargaba de destrozar, pero que el público seguía viendo.
Adultos que regresaban a la escuela, jugadores de hockey que terminaban convertidos en golfistas, aguadores que descubrían una inesperada habilidad deportiva e incluso dos hermanos gemelos interpretados por el mismo actor fueron parte de una fórmula que convirtió a Sandler en una estrella.
Gritó, hizo voces extrañas, recurrió al humor escatológico y rodeó sus películas de amigos que terminaron convirtiéndose en colaboradores habituales. Sin embargo, detrás de aquella imagen de comediante había un intérprete capaz de asumir personajes mucho más complejos.
La transformación comenzó a hacerse evidente con películas como “Embriagado de amor”, “Los Meyerowitz: La familia no se elige”, “Diamantes en bruto” y “Garra”.
De “Saturday Night Live” a estrella de Hollywood
Antes de convertirse en uno de los nombres más populares de la comedia estadounidense, Sandler pasó por “Saturday Night Live”.
Llegó al programa como guionista en 1990 y un año después se incorporó al elenco. Sus canciones y personajes cómicos rápidamente llamaron la atención, aunque su paso por el programa terminaría abruptamente cuando fue despedido en 1995.
Lejos de convertirse en un obstáculo definitivo, aquella experiencia terminó formando parte de su historia y, años más tarde, Sandler incluso utilizaría ese episodio como material para reírse de sí mismo.
Ese mismo año llegó “Billy Madison”, película que ayudó a establecer el tipo de personaje que dominaría buena parte de su filmografía: hombres adultos con comportamientos infantiles, incapaces de controlar sus emociones y atrapados en situaciones completamente absurdas.
Después llegaron títulos como “Happy Gilmore”, “El aguador”, “La mejor de mis bodas”, “Un papá genial”, “El señor Deeds”, “Como si fuera la primera vez” y “Click: perdiendo el control”.
Una fórmula que la crítica odiaba y el público adoraba
Las películas de Sandler desarrollaron una identidad muy particular. Humor absurdo, romance, personajes exagerados y una buena dosis de amigos del actor se convirtieron en ingredientes habituales.
Rob Schneider, Kevin James, David Spade, Chris Rock y Steve Buscemi, entre otros, aparecieron repetidamente en sus producciones.
En 1999, Sandler llevó todavía más lejos su independencia al fundar Happy Madison Productions, compañía desde la que comenzó a producir buena parte de sus propios proyectos.
Mientras la crítica cuestionaba su fórmula, el público seguía respondiendo en taquilla.
Uno de los ejemplos más recordados fue “Jack and Jill”, estrenada en 2011, en la que Sandler interpretó tanto a Jack como a su hermana Jill. La película recibió una enorme cantidad de críticas negativas y terminó arrasando en los Golden Raspberry Awards, conocidos como los “anti-Oscar”.
A pesar de ello, su popularidad no disminuyó.
Sus películas llegaron a acumular cerca de 2 mil millones de dólares en taquilla, demostrando que la opinión de los críticos no necesariamente coincidía con los gustos del público.
Paul Thomas Anderson vio algo que otros no habían visto
En 2002 ocurrió uno de los momentos más importantes de su carrera.
El director Paul Thomas Anderson, conocido por películas como “Juegos de placer” y “Magnolia”, eligió a Sandler para protagonizar “Embriagado de amor”.
La decisión sorprendió a muchos, pero el resultado cambió la conversación alrededor del actor.
Sandler interpretó a Barry Egan, un hombre solitario, inseguro y emocionalmente inestable. Aunque algunos rasgos de sus personajes cómicos seguían presentes —la rabia, la incomodidad y las dificultades para relacionarse—, esta vez estaban al servicio de una historia mucho más compleja.
Su actuación le valió una nominación al Globo de Oro y provocó que varios críticos comenzaran a preguntarse si Sandler había sido subestimado durante años.
Incluso el reconocido crítico Roger Ebert planteó una posibilidad que parecía impensable para muchos: quizá el problema no era Sandler, sino las películas en las que había sido utilizado.
“Diamantes en bruto” terminó de cambiar su imagen
Años después, Sandler volvió a sorprender con “Los Meyerowitz: La familia no se elige”, dirigida por Noah Baumbach, donde interpretó a Danny Meyerowitz, un hombre desempleado que mantiene una relación complicada con su familia.
Pero fue “Diamantes en bruto”, estrenada en 2019 y dirigida por los hermanos Josh y Benny Safdie, la que terminó de demostrar hasta dónde podía llegar.
Sandler interpretó a Howard Ratner, un joyero neoyorquino adicto al riesgo y a las apuestas que toma una decisión desesperada tras otra.
La película lo convirtió en un personaje tan frustrante como fascinante y su actuación fue considerada una de las mejores de su carrera.
Aunque no recibió una nominación al Oscar, Sandler ganó el Independent Spirit Award como Mejor Actor, consolidando su transformación ante la crítica.
Sandler nunca abandonó la comedia
El reconocimiento dramático no significó que Sandler decidiera abandonar los personajes que lo hicieron famoso.
El actor continuó haciendo comedia, mantuvo a sus amigos cerca y fortaleció su relación con Netflix, plataforma con la que comenzó a trabajar en 2014 a través de un acuerdo con Happy Madison Productions.
La primera película surgida de aquella alianza fue “The Ridiculous 6”, que recibió duras críticas. Sin embargo, Netflix aseguró que durante sus primeros 30 días había sido vista más veces que cualquier otra película en la historia de la plataforma hasta ese momento.
En 2020, el acuerdo entre Netflix y Happy Madison se amplió con un contrato para cuatro películas cuyo valor podía alcanzar los 275 millones de dólares.
La relación demostró nuevamente una de las características más particulares de la carrera de Sandler: puede ser ignorado por la crítica y, al mismo tiempo, mantenerse como uno de los actores más rentables y populares entre el público.
De “Garra” a “Happy Gilmore 2”
Sandler también continuó explorando el drama deportivo.
En “Garra”, interpretó a Stanley Sugerman, un cazatalentos de baloncesto que descubre a un jugador desconocido y decide apostar su carrera para llevarlo a la NBA. Su trabajo le consiguió una nominación del Sindicato de Actores.
Pero Sandler nunca olvidó sus raíces.
Casi tres décadas después de la primera película, volvió a tomar los palos de golf para “Happy Gilmore 2”, recuperando a uno de los personajes que lo convirtió en estrella durante los años 90.
El regreso confirmó que Sandler no necesita elegir entre ser un actor dramático o un comediante.
A sus 60 años, su carrera demuestra precisamente lo contrario: puede hacer reír, interpretar personajes atormentados, producir sus propias películas y regresar a los personajes que el público recuerda con nostalgia.
El hombre que durante años fue señalado por hacer “siempre la misma película” terminó construyendo una trayectoria mucho más amplia de lo que sus primeras comedias permitían imaginar.



